Última reforma, primera acción
No por esperada la primera Reforma Laboral del PP ha sido menos sorprendente. A pesar de haber sido anunciada, muchos no esperaban que el partido de Rajoy se atreviera a derribar, de un solo golpe, los pilares de la legislación social y los derechos laborales. El PP ha aprovechado para demostrar que es capaz de ser más reaccionario que cualquiera en Europa, que no teme ni a sindicatos ni a trabajadores, y que si es necesario apalear a estudiantes de secundaria y calificarles como “el enemigo” están dispuestos a hacerlo para satisfacer a los insaciables mercados.
La reforma, que recoge las pretensiones de la patronal más rancia, no está hecha ni pensada para reducir el número de parados, como pretende hacernos creer el gobierno, sino para subvencionar aún más la contratación, abaratar el coste del trabajo, desregular las condiciones en que se realiza y reducir a menos de la mitad el coste del despido. Como si el trabajo fuera una comida pesada y difícil de digerir para las empresas, la reforma laboral vendría a ser uno de esos yogures light que anuncian los medios para “facilitar el tránsito intestinal” desde que los trabajadores entran por la boca de la empresa hasta que salen por el orificio opuesto.
Una reforma que profundiza en el concepto neoliberal de las relaciones laborales, según el cual la única legislación buena es la que no existe. Un paso más hacia la relación directa entre el empresario y el trabajador, ahora cuando la disgregación y desorganización de la clase obrera hacen favorable a la empresa ese trato sin intermediarios.
Una reforma, en suma, que viene a consagrar la realidad de muchos trabajadores que viven dentro o cerca del empleo sumergido, donde el trabajo carece de los mínimos derechos que marca la ley. Ahora todos los trabajadores están más cerca de ese mundo, en el que el empresario se convierte en la única fuente de Tan grave es la agresión que supone la reforma, que hasta CCOO y UGT han tenido que posicionarse en contra, eso sí, con la tibieza a la que nos tienen acostumbrados. Después de convocar las manifestaciones del 19 de febrero, y a pesar de los cientos de miles de trabajadores que salieron a la calle, ahora aflojan la presión. Para no intranquilizar a los mercados, para no ser tildados de “radicales”; para que no parezca que ponen chinas en la rueda de una futura -y remota- recuperación económica, depositan su confianza en el trámite parlamentario de la reforma, a pesar de que el PP ha mostrado su negativa a introducirle mejoras de ningún tipo.
Pero los trabajadores y trabajadoras que salieron a la calle el pasado domingo si dejaron un mensaje claro en las calles, un mensaje en nada se parece a una supuesta concertación, sino una negativa frontal a aceptar la reforma laboral.
De lo que ahora se trata es de luchar contra esta reforma con todas nuestras fuerzas y comenzar así a poner barreras contra los recortes van a venir a continuación, como la ley de huelga de la que ya se comienza a hablar. Ahora es que es mas necesaria que nunca la unión de todos los trabajadores y trabajadoras para articular una respuesta, como clase obrera, contra estas políticas. Grecia nos enseña el camino de lo que pueden ser nuestra economía y nuestra sociedad dentro de poco. Destrucción de lo público, recortes brutales en salarios, pensiones y derechos, generalización de la pobreza y la desprotección social mientras que se garantiza el pago de la deuda a los inversores internacionales.
Para impedir esto, los trabajadores tenemos que organizarnos. Para generar una respuesta útil y efectiva contra esta deriva de los acontecimientos y que se nos presentan como inevitables. Por eso la CNT viene impulsando un proceso de movilización hacia la huelga general, junto a otras organizaciones sindicales combativas, movimientos sociales y asambleas de barrio. Un proceso de movilización que tiene que extenderse y crecer, hacerse acreedor de la confianza de los trabajadores para ser capaces de revertir estos ataques en primer lugar, y en segundo, comenzar a construir una alternativa a este capitalismo criminal y corrupto que padecemos.
SP del Comité Confederal de la CNT
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