La oleada de represión va in crescendo, y advertimos desde aquí que no tendrá tope, bien hasta que desarticulen todo movimiento contestatario, bien hasta que “metan la pata”, fabriquen otro mártir y consigan que el asunto se les escape de las manos, o bien hasta que les paremos los pies.
Curiosamente, cuando muchos han empezado a cuestionarse la efectividad de métodos como los que aquí se reseñan:”supuestos mecanismos de defensa” (http://revolucionrealyaa.wordpress.com 2012/02/27 mecanismos de defensa contra la maquinaria represiva del estado espanol/) , empieza a circular el brutal y esquizoide “trabajo de clase” (proyecto final para el Máster de Políticas Públicas de
Seguridad) de David Piqué, comisario de los Mossos d’Esquadra. Si los ingenuos pensaban que después de los múltiples videos de policías masacrando ciudadanos (nueva acepción del término diana), de las declaraciones de aquel Guardia Civil que babeaba pensando en reventarle el cráneo a algún anti sistema (un guardia civil de bauzá dice que si pudier abriría la-cabeza de los manifestantes a golpes de porra (http://www.kaosenlared.net) , no les quedaba nada por oír, que se preparen para la siguiente lectura (aprovechad estos fragmentos porque el proyecto, en catalán en el original, ha sido censurado y ya no se puede consultar sin autorización):
(P.P. 28-29. Por cierto, la siguiente descripción semeja ser una definición “crítica” de lo que suele hacerse. Sin embargo, es interesante porque es una gustosa exposición de lo que en verdad debe hacerse y de hecho se hace)
“Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas unos días antes para calentar el ambiente. También se pueden hacer “redadas” preventivas a los lugares donde se encuentran habitualmente personas cercanas a la ideología de los convocantes con la excusa de buscar drogas o lo que sea necesario.
La ”redada” estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario.
La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una “batalla campal”.
Además de la estrategia previa, en cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables. Es entonces cuando se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasoria, no se disimula.
Se va directamente contra los manifestantes, que ya son considerados vándalos, y se les ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico.
En este estadio, los manifestantes atacan a la policía con todo lo que tienen y que les ha dejado tener, realmente se están defendiendo, pero no lo parece. Han sido acorralados. La violencia entre agentes y manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola.
Es lo que se quiere. Comienzan a aparecer víctimas inocentes – daños colaterales se dice ahora- Los que han rehuido el enfrentamiento, se encuentran con el resto de unidades policiales que los cierran el paso y que no hacen detenidos -prisioneros-, la dispersión no es voluntaria , es a golpe de defensa (porra) y cualquier atisbo de resistencia es contestada con contundencia exagerada y detenciones masivas.
En las batallas de la antigüedad, era cuando se envía a la caballería a perseguir a los que huían mientras la infantería extermina a los que se han rendido en el campo de batalla”.
(P. 32)
“Las unidades policiales especializadas en orden público comienzan a ser menos permisivas con las manifestaciones y concentraciones, que seguramente se producirán mientras dura el debate político. De todas formas, si el número de manifestantes fuera excesivo, quizás se podría aprovechar para dejar que durante el recorrido, se produzcan suficientes actos vandálicos como para intensificar el debate sobre el comportamiento antisocial del movimiento antisistema y permitir que la opinión pública vincule estos colectivos al fenómeno okupa”.
(P.34)
“Se deberá procurar la detención selectiva de los líderes para imputarles delitos comunes y evitar la condición de ‘mártir’. A más protestas, más detenciones, hasta acabar con el poco soporte del que dispongan, sobre todo si comprueban los ‘privilegios’ que se pueden conseguir con una adecuada integración en el sistema, sin renunciar a algunos de los postulados que los inspiran”.
Lo que siguen son consideraciones puramente estratégicas, que deberían de servirnos para realizar un análisis y debate práctico:
(P.P. 25-26)
“Los grupos antisistema en general, saben que, por diferentes motivos, sus acciones tienen más repercusión social y mediática si se desarrollan en ciertos espacios. Por contra, estos espacios – los más abiertos – son los más desfavorables (para los antisistema) desde el punto de vista de táctica policial. Nos referimos a l’Eixample, parte de Sants o cualquier terreno abierto que permita una rápida movilidad de los efectivos policiales. En la teoría militar clásica, sería la capacidad de movilizar por los flancos la caballería o unidades de infantería ligera.
Como decíamos antes, Sun Tzu era partidario de ganar sin combatir y eso se podía conseguir mediante diversas estrategias y la que siempre ha tenido más éxito, ha sido la de, ‘quién rodea al enemigo, vence’. […] Los casos más estudiados son los de la batalla de Cannas donde Anibal derrota al ejército romano dirigido por Cayo Teracio Varrón y el de la batalla de Alesia donde Julio César venció a los galos definitivamente e hizo prisionero a Vercingetórix […].
Volviendo a la táctica policial del primer terreno -abierto- y con fuerza policial suficiente. En este caso, no se quiere reprimir los disturbios ni detener a los infractores, sencillamente se evita. Eso se consigue limitando extraordinariamente la capacidad de movimiento de los manifestantes rodeándolos totalmente.
Eso se realiza en el momento de la concentración que, como se sabe dónde se realizará, ha permitido hacer un filtro de malla fina en los puntos de paso obligado por el punto de encuentro. El objetivo del filtro es el mismo que en el modelo Klausewitz, requisar objetos peligrosos de cualquier tipo -porque después habrá contacto físico- y evitar el anonimato. A partir de ese momento, los concentrados ya
saben que la manifestación irá por donde la policía quiera y durará hasta que los manifestantes decidan dispersarse. Esta dispersión se hace lentamente, dejando salir a las personas poco a poco y en grupos muy pequeños para evitar el reagrupamiento fuera del círculo.
En estas situaciones el sentimiento de frustración e impotencia de los manifestantes es muy alto y a menudo generan reacciones violentas de algunos individuos cuando son conscientes que han perdido toda capacidad de iniciativa. Estos momentos son delicados y es necesario que los agentes de primera línea eviten las provocaciones individuales o los intentos colectivos de romper el círculo.
Pensemos que los policías están a menos de un metro de los rodeados. El objetivo no es hacer detenciones, solo inmovilizar. La sensación de derrota entre los manifestantes, es muy alta y moral queda muy “tocada”. No ha habido heridos – no tienen mártires – ni tampoco detenidos –
héroes -. Incluso han intentado, sin éxito, denunciar a la policía por detención ilegal o violar el derecho de circulación. Si se planifica correctamente, la fiscalía ha de estar avisada de la aplicación de esta táctica para evitar estas denuncias. Si sale bien, se ha vencido sin luchar”.
Conclusión:
Contrariamente a lo que podría parecer, este fárrago apologético nos reafirma a muchos en nuestra convicción de que la inactividad es la peor táctica posible. Como se infiere del documento, la policía tiende siempre a rodear a los manifestantes, por numerosos que estos sean. Un grupo inmóvil, que se tira al suelo a la mínima posibilidad, es fácilmente reductible. Y cuando esto pasa miles de videos, imágenes y experiencias nos demuestran que la policía, en esos casos, no se va a andar con “paños calientes”; la policía, por ello son policías (con las salvedades individuales de rigor), sólo responden al principio de autoridad (este es su principio “profesional”) y el principio de autoridad se fundamenta en el miedo (de ahí nace la obediencia, la resignación, etc.), y para quien respira y mama miedo, la docilidad de los manifestantes es sólo la señal de salida para dar rienda suelta a la represión impune y a la violencia indiscriminada.
La policía no se conforma con “tener controlada la situación”, quiere aplastar, dar un escarmiento, para que los mil de hoy sean los cien de mañana, para que nos lo pensemos dos veces antes de volver a salir a la calle. Golpean a tirios y a troyanos, hacen que llueva sobre los justos e injustos porque su táctica es propagar un terror sistemático y calculadamente contagioso.
Ante esta tesitura, permanecer impasibles y sumisos, en vez de agruparnos manteniendo una actitud aguerrida y combativa (un comportamiento que les haga pensar que sin dan rienda suelta a su violencia pueden dar pie a una batalla campal de la que quizás no salgan con buen pie), manteniéndonos firmes pero con una movilidad flexible (controlando posibles vías de escape), evitando en todo momento ser rodeados y jugando siempre con un factor que sólo nuestra ingenuidad nos hace olvidar: nuestra eventual superioridad numérica.
Cuando la policía ve una masa anestesiada y abúlica se olvidan del factor numérico y, siendo una simple escuadrilla, cargan contra cientos (ver video). Si esos cientos fueran conscientes de su superioridad, se darían la vuelta y transmitirían con su actitud la inequívoca sensación de que no es buena idea meterse con una “masa” que sabe cómo reaccionar si es agredida. Muchos usarían sus porras con más prudencia.
Empero, no hemos de olvidarnos de que estamos hablando de cómo comportarnos en un enfrentamiento que transcurre entre gente armada contra gente desarmada.
La mayoría de la gente se ha acostumbrado tristemente a ver deambular a los miembros de los distintitos cuerpos policiales (también a seguritas) con sus pistolas al cinto. Esto es muestra de la esquizofrenia colectiva que padecemos. Si cualquiera de nosotros tuviera la “genial” idea de pasearse por ahí con una pistola en la cintura la gente echaría a correr nada más vernos. Miles de individuos –eso sí, uniformados– lo hacen cada día y no cunde la histeria colectiva.
Curioso es, por otra parte, contrastar como los supuestos “pacifistas” profe-sionales amenazan a los manifestantes con denun-ciarlos públicamente si los ven pintando donde no deben, cantando alguna consigna “inapropiada” o cometiendo la mínima provo-cación, y después recurren con la mayor naturalidad a la policía, que sólo puede intervenir haciendo uso de su “monopolio sobre la violencia física legítima” (como decía Weber), y no sienten la menor alarma al contemplar sus brutales cargas (no en vano, ellos mismos crean –tal y como acabamos de saber– sus propias “comisiones de seguridad”, cuyos “pacíficos objetivos” no distan mucho de la delación y la represión gubernamentales).
En definitiva, sólo se puede repetir la pregunta inicial: ¿cuándo entrega la policía sus armas y anuncia su disolución? Creo que para que esta banda armada se decida habrá que darle un “empujón”.