palestina“Para ser sincero, todavía estoy tratando de desembarazarme de mis costumbres nacionalistas” dice Ahmad Nimer quejándose, mientras charlamos en un bar de Ramala. El tema de nuestra conversación es poco más o menos ¿cómo se puede vivir como anarquista en Palestina? “En un país colonizado es bastante difícil convencer a la gente con soluciones no autoritarias y no estatistas. Hay una fuerte mentalidad -a menudo estrechamente nacionalistaanticolonial”, deplora Nimer. De hecho, los anarquistas de Palestina tienen actualmente un problema de visibilidad. A pesar de la importancia del activismo anarquista en Israel y a nivel internacional, no parece que exista una toma de conciencia semejante a favor del anarquismo entre los numerosos activistas palestinos.
“El debate actual sobre los temas anarquistas se concentra sobre todo en la cuestión del poder: rechazar el ejercicio del ‘poder sobre’ y estar a favor del ‘poder con’. Cuando se habla del anarquismo como concepción política, se define como el rechazo del Estado”, explica Saed Abu-Hijleh, profesor de Geografía Humana en la Universidad Al-Najah en Nablús. “Se habla de libertad y de una sociedad que se organiza sin la interferencia del Estado”.
Pero ¿cómo puede un pueblo sin Estado adherirse al anarquismo, que implica una oposición a cualquier forma de Estado como condición para su realización?
En Palestina, históricamente, los elementos en la lucha popular han sido auto-organizados, incluso si no son identificados explícitamente en el anarquismo como tal. “La gente ya ha organizado su vida horizontalmente o de una manera no jerárquica”, explica Beesan Ramadán, otra anarquista de Palestina, que define al anarquismo como una “táctica” pero se pregunta sobre la necesidad de etiquetarse. Y continúa: “Ya está ahí, en mi
cultura, y de la manera en que procede el activismo palestino. Durante la primera Intifada, por ejemplo, cuando era demolida una casa, la gente se
organizaba casi espontáneamente para su reconstrucción. Como anarquista palestina, estoy deseando volver a las raíces de la primera Intifada, que
no nació de una decisión política y que se desarrolló contra la voluntad de la OLP”. Yasser Arafat declaró la independencia en noviembre de 1988, tras
el comienzo de la primera Intifada en diciembre de 1987 y, Ramadán añade “para desviar los esfuerzos realizados por la primera Intifada”.
La cuestión palestina se ha ido complicando cada vez más en las últimas décadas. El contexto de la primera Intifada, establecido sobre una amplia
base de auto-organización horizontal, ha sido sustituido en 1993 por la firma de los acuerdos de Oslo y la creación vertical, desde arriba, de la Autoridad Palestina (AP). “Ahora, aquí, en Palestina”, dice Ramadán, “no tenemos el mismo significado de autoridad que la de otros pueblos que desconfían de ella (…) Tenemos la AP y la ocupación, y nuestras prioridades son continuamente alteradas. La AP y los israelíes están al mismo nivel porque la AP es un instrumento en las manos de los israelíes para oprimir a los palestinos”. Nimer comparte también este punto de vista, destacando que se ha extendido mucho más ampliamente que la idea de que la AP es una especie de “ocupación por poderes”.
“Ser anarquista no significa izar la bandera rojinegra, ni hacer un black bloc” precisa Ramadán, haciendo referencia a la táctica de protesta anarquista en la que los manifestantes se vistieron completamente de negro y se cubrieron el rostro. “No quiero imitar a ningún grupo occidental en el modo de ‘hacer’ anarquismo (…). Aquí eso no funcionaría porque debemos crear una conciencia popular plena. La gente no comprendería ese concepto”. Sin embargo, Ramadán cree que la escasa visibilidad de los anarquistas palestinos y, aún más, la sensibilización limitada al anarquismo en Palestina no significan necesariamente que sean poco numerosos. “Creo que hay un cierto número de anarquistas en Palestina”, remarca a la vez que admite a continuación que “se trata sobre todo, por el momento, de individualidades aunque cada militante es activo a su manera”.
Esta ausencia de un movimiento anarquista unificado en Palestina podría resultar del hecho de que los anarquistas occidentales no han prestado nunca una atención seria y profunda al colonialismo. Los autores occidentales “no lo han hecho”, sostiene Budur Hassán, activista y estudiante de Derecho. “Allí, su combate es diferente”, añade Nimer. “Para los anarquistas de Estados Unidos, la descolonización puede ser una parte de la lucha antiautoritaria; para mí, es simplemente lo que debe ocurrir”.
Sobre todo, Hassán extiende su propia comprensión del anarquismo más allá de la simple lucha contra el Estado o el autoritarismo colonial. Cita al novelista palestino y nacionalista árabe Ghassan Kanafani, subrayando el hecho de que no solo se enfrenta a la ocupación, “sino también a las relaciones patriarcales y la clase burguesa. Por eso pienso que nosotros, árabes -anarquistas en Palestina, en Egipto, en Siria, en Bahrein- necesitamos emprender una reformulación del anarquismo de una manera que refleje nuestras experiencias del colonialismo, nuestras experiencias como mujeres en una sociedad patriarcal, etc.” Ramadán previene de que “el hecho de ser parte de la oposición política no nos va a salvar”, añadiendo que para muchas mujeres, “si nos oponemos a la ocupación, debemos oponernos a también a la familia”. De hecho, Ramadán dice que la representación
importante de las mujeres en las manifestaciones esconde el hecho de que en realidad muchas de ellas deben luchar para poder sencillamente estar ahí. Del mismo modo, asistir a las reuniones por la noche exige a las mujeres jóvenes superar unas barreras sociales que no tienen sus homólogos masculinos.
“Como palestinos, debemos establecer lazos con otros anarquistas árabes”, explica Ramadán, influida por la lectura de textos anarquistas procedentes
de Egipto y de Siria. “Tenemos tanto en común y, debido a nuestro aislamiento, acabamos encontrándonos con anarquistas internacionales que a veces, por muy buena que sea su política, se mantienen aferrados a sus prejuicios y a la islamofobia”.
En un corto artículo publicado en Jadaliyya titulado “Luces anarquistas, liberales y autoritarias: notas de la primavera árabe”, su autor, Mohamed Bamyeh, sostiene que las recientes revueltas árabes reflejan “una rara combinación de métodos anarquistas y de intenciones liberales”, subrayando que “el estilo revolucionario es anarquista, en cuanto a que requiere poca organización, dirección, o al menos coordinación, y en su tendencia a desconfiar de los partidos y jerarquías incluso tras la victoria revolucionaria”.
Para Ramadán, el nacionalismo representa también un problema importante. “La gente necesita el nacionalismo en los periodos de lucha”, concede,
pero “eso a veces se convierte en un obstáculo… ¿sabes lo que significa el sentido negativo del nacionalismo? Significa que solo pensáis como palestinos, que los palestinos son los únicos que sufren en el mundo”. Nimer añade: “Se habla de sesenta años de ocupación y limpieza étnica, y de sesenta años de resistencia a ello por medio del nacionalismo. Es demasiado largo, es malsano. La gente puede pasar del nacionalismo al fascismo con facilidad”.
Las masas reunidas en la plaza del Tahrir en El Cairo, el pasado mes de diciembre, han dado esperanza a muchos anarquistas palestinos. Mientras el presidente Mohamed Morsi consolidaba sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial, grupos anarquistas se unían a las manifestaciones. Esos egipcios se definen actualmente como anarquistas y adoptan el anarquismo como tradición política. De regreso a Ramala, Nimer reflexiona: “A menudo soy pesimista, pero no podéis ignorar a los palestinos. Podemos explotar en cualquier momento. La primera Intifada comenzó por un simple accidente de circulación”.

Joshua Stephens

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