Untitled 1Este año nuestro país es sede de las Reuniones Anuales del Grupo Banco Mundial (GBM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyas Juntas de Gobernadores analizarán y tomarán decisiones en materia económica y financiera de efecto global para el periodo venidero. A esta cita acuden ministros de hacienda y de economía, banqueros, ejecutivos de empresas multinacionales, inversionistas y académicos (más de 12 mil participantes de 188 países), muchos de los cuales son rostros visibles del capitalismo más salvaje que hoy padecemos.
Cabe destacar que esta reunión anual se realiza en Latinoamérica luego de 48 años y el hecho de que el Perú haya sido escogido como sede se debería, según el ministro de Economía, Alonso Segura, y otros voceros del neoliberalismo peruano, a que nuestro país es “amigable y abierto a las inversiones, somos un país que a ellos les interesa porque ven mucha predictibilidad aquí para hacer planes de mediano y largo plazo”. Es decir, el grado de dependencia de Perú hacia el FMI y el BM busca ser reforzada. Recordemos que el Estado peruano es considerado como un “buen alumno” respecto a la imposición de las recetas económicas de estos organismos para acrecentar aún más la brecha de desigualdad y pobreza en nuestra región.
Para el secretario del BM, Mahmoud Mohieldin, la designación de nuestro país como sede “es sin duda un reflejo de lo que el Perú ha logrado en los últimos años en términos de estabilidad política, un marco institucional estable, solidez económica, atracción de inversiones e integración a la economía mundial”. Estas declaraciones pretenden hacernos creer que nuestra economía va en franco ascenso y que hoy gozamos de prosperidad, todo esto conjugado con el denominado “milagro peruano”. Pero la propia realidad muestra que dicho “milagro” se desmorona por causa propia y el modelo económico actual “hace aguas” ante la caída de los precios de materias primas (cobre, oro, plata, etc.) con la consecuente desaceleración económica internacional.
¿“Milagro peruano” para el mundo?
Como ya sabemos, el lema para esta reunión es “moldeando el futuro” el cual buscará mostrar a la burocracia económica mundial los logros del “milagro peruano” y con ello intentar “demostrar” que las economías del sur serán actores protagónicos del modelo neoliberal. A esa argucia se suma la del Ministerio de Economía y Finanzas que agrega la frase “Perú, capital económica del mundo”.
La supuesta solidez de la economía peruana de la que tanto hablan el gobierno, la derecha y el gran empresariado ha comenzado a tambalear ni bien la economía mundial comenzó a decaer y a mostrar síntomas de crisis. Y esto que viene ocurriendo no es historia nueva en el Perú ya que se repite cada vez que los precios externos de las materias primas caen; es decir, el efecto inmediato es que nuestra economía entra en proceso de desaceleración o de abierta recesión.
Para entender con precisión la influencia que el BM o el FMI han tenido y tienen sobre el Perú, es necesario que el análisis vaya más allá de establecer porcentajes (con sesgo optimista y mentiroso como se publican en la prensa oficial dictadas por el BCR), pues se trata de identificar acciones, comprender decisiones, evaluarlas, obtener aprendizajes y establecer responsabilidades sobre los más de cincuenta años de dependencia que padecemos.
No hace falta hacer análisis acuciosos económicos para darse cuenta que no ha existido nunca la mencionada solidez y tampoco es real que la economía peruana haya crecido como consecuencia de las políticas impulsadas por el BM o el FMI. Sino que el factor determinante que explica el “crecimiento” de nuestra economía ha sido el inicio del ciclo de los precios de los commodities, principalmente de los minerales en Perú; mientras que el inicio de su debacle coincide con el fin de dicho ciclo. Además, hay claros indicadores que muestran que en realidad esta no ha sido una década ganada, sino más bien una de pérdida. Y precisamente las políticas del BM y el FMI han sido un factor determinante pues se elevaron los impuestos al consumo y se redujeron los que imponen las ganancias.
Lo cierto es que el cuento del milagro no es tal, las “islas de excelencia” del MEF
(Ministerio de Economía y Finanzas) y el BCR (Banco Central de Reserva) hace tiempo que mostraron sus limitaciones. Los alardes de crecimiento que se pregonaban desde los gobiernos anteriores cuando se nos decía que “el Perú está blindado frente a la crisis internacional” o que “el Perú va camino al primer mundo” fueron totalmente falsas; incluso, el exministro de Economía, Luis Carranza (de la gestión aprista) afirmó que el súper ciclo de los minerales duraría 30 años más, trayendo dinero sin importar el brutal impacto de contaminación medioambiental que se vive o el desplazamiento de comunidades enteras producto de la explotación minera y que han generado crecientes olas de protesta contra el modelo extractivista en nuestro país. Es decir, una vez más en octubre no hay milagros.
El BM o la cadena de sometimiento
El crecimiento institucional del BM ha ido acompañado de la ampliación de su agenda que a través de sus préstamos ha limitado de forma clara y directa la soberanía de los países con los que se relaciona (controla). Recordemos que sus funciones se iniciaron en la reconstrucción de la Europa de posguerra para suplir las deficiencias de los mercados privados de capital, posteriormente interviniendo en Latinoamérica a través de préstamos para proyectos de infraestructura y que luego generaban condicionamientos con los países prestatarios.
Esto facilitó que el BM empiece a desempeñarse como asesor técnico y monitor de la política económica de los gobiernos de turno, y se promocione políticas de liberalización del comercio internacional y del flujo de capitales, desregulación del mercado laboral, privatización de las empresas públicas, etc. Esto en el marco del Consenso de Washington o la imposición de un modelo económico moldeado desde los EE.UU. para su aplicación en los países del sur. Todo esto para salvaguardar los intereses del gran capital y el imperialismo.
A pesar que en la actualidad el BM ha negado intervenir en asuntos político, los hechos dicen lo contrario, la condición de muchos de sus préstamos para “fortalecer la institucionalidad, mejorar la gobernanza o luchar contra la corrupción” busca generar seguridad jurídica para promover mayores niveles de crecimiento económico y aumentar las inversiones, favoreciendo a las transnacionales y multinacionales responsables de terribles cifras de contaminación, depredación, corrupción, explotación laboral y destrucción en el planeta, bajo el amparo de normativa internacional aceptada por los gobiernos sumisos.
Y sobre este hecho justamente habría que resaltar que el BM, el FMI, la Organización Mundial del Comercio (OMC) buscan afianzar una estructura normativa que promueva un régimen de protección especial a los grandes capitales e inversionistas. Este régimen opera a partir de la firma de los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), que contienen cláusulas diversas para garantizar la “seguridad jurídica” de las inversiones, donde se señala explícitamente que el Estado se compromete a no interferir de ningún modo con la inversión, así esta atente contra la soberanía nacional o la propia gente.
Esta protección a las inversiones también se puede encontrar en los más de 10 Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados por Perú y en las negociaciones (secretas) para el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP, por sus siglas en inglés). Sobre este último caso resaltemos que Ollanta Humala, a través de la ministra de Comercio Exterior y Turismo, Magali Silva, busca firmar a todo trance el TPP, a sabiendas que este acuerdo ha sido diseñado para perpetuar a países en desarrollo como el Perú en relaciones comerciales desiguales con países de economías avanzadas como EE.UU., Japón, Canadá y Australia.
Entre los aspectos alarmantes de este tratado están que se reduciría la capacidad de los países miembros –como Perú– de aprobar normas legales regulatorias para proteger la salud pública, la seguridad y el ambiente, porque crearía sus propios mecanismos de solución entre inversionistas y Estados, que permitirían a los capitalistas transnacionales demandar al gobierno local cuando consideren que alguna regulación afectará sus ganancias. El arbitraje sería privado y vinculante, incluso si el fallo fuera contrario a las leyes nacionales. Un ejemplo de esto es lo que viene pasando con la demanda por US$ 800 millones de la empresa estadounidense Renco para determinar si esta puede continuar operando una fundición de metales en La Oroya –uno de los 10 lugares más contaminados del mundo– y que también busca eludir el pago de compensaciones para las víctimas y la rehabilitación del lugar.
Preparar la contraofensiva
En medio de este marco de reuniones y acuerdos capitalistas antihumanos, vemos cómo el gobierno de Humala justifica sus decisiones respecto a las políticas de actividades extractivas (Conga, Tía María, etc.) alegando la amenaza por parte de empresas trasnacionales de poder demandar al Estado ante el Centro Internacional de Arbitraje sobre Diferencias Relativas a Inversiones (que es parte de una de las cinco instituciones que conforman el Grupo del BM).
Y no olvidemos que este mismo gobierno viene impulsando reformas legislativas silenciosas como los denominados “paquetazos” contra el medioambiente y los derechos de los pueblos indígenas; que buscan debilitar su autonomía y libre determinación o facilitar el acceso a la tierra de proyectos de inversión (petroleras, mineras, etc.) en territorios indígenas. Estas son políticas impulsadas por el BM a través de un programa que clasifica a las economías de los países en función de facilitar los mecanismos para sus negocios.
Como ya sabemos, nuestro país posee un largo historial de abusos contra el medioambiente y los trabajadores por parte de las empresas; y con las recetas que nuevamente se dictarán desde el BM y el FMI reunidos en Perú, además de las resoluciones de los acuerdos del TPP, nuestro país podría ser demandado si pretendiera “cambiar” algo en las normas legales para “proteger” a los trabajadores y el medioambiente, sin importar cuán razonables o discriminatorias sean, siempre y cuando esto afecte las ganancias de las empresas.
Está claro que el capitalismo busca fortalecer su sistema de explotación y sometimiento ya sea a través de guerras colonizadoras e imperialistas, o desde tratados y acuerdos comerciales que nos despojen de materia prima y recursos básicos. Las reglas están dadas desde el corazón del gran capital y sin importar el color de la gestión en el gobierno se busca perpetuar el sometimiento de nuestros pueblos. Pero no hay que olvidar que esa misma situación genera el hartazgo social y la protesta popular contra el actual sistema. Es desde los hechos mismos que debemos ir forjando alternativas anticapitalistas reales y genuinas que posibiliten una sociedad mejor aquí y ahora. Contra la globalización de la miseria y el sometimiento opongamos la globalización de la resistencia y la lucha. Es la autogestión socioeconómica como apuesta estratégica la que nos puede garantizar el derrumbe del capitalismo y la construcción de un nuevo mundo.

¡CONTRA EL SISTEMA CAPITALISTA DE HAMBRE, MISERIA Y SOMETIMIENTO!
¡FORJAR PUEBLOS FUERTES Y LIBERTARIOS!

Corriente Libertaria
corrientelibertaria@riseup.net

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