Además de informar sobre las novedades del caso, ahora que ha quedado más claro, aun si cabe, que lo de la apología del terrorismo es un infudio, es necesario resaltar, que a falta de poder verla, todo indica que la compañía Títeres desde Abajo ha creado con La Bruja y don Cristóbal una obra de sátira política inspirada en el teatro clásico popular, adecuada para todos los públicos y especialmente educativa para niños y niñas si la disfrutan en compañía de adultos inteligentes y responsables. Así viene haciendo en los últimos días nuestro querido columnista el Acratosaurio rex [1] [2] [3]
Es una auténtica vergüenza los ataques que sufren por todos los partidos políticos e incluso los máximos responsables del follón en el que están metidos, quienes gobiernan el Ayuntamiento de Madrid, que o bien les atacan o bien les defienden vilipendiando su obra “como de mal gusto” o “no apropiada”. Esperemos que proliferen las muestras de apoyo sin reservas, como las de la revista Mongolia y las confederaciones sindicales CNT y CGT.
Hay ciertas personas que les ha costado un poco, pero que se han dado cuenta de que la sátira política no es delito de terrorismo. Ahora, es indignante que se ponga en cuestión la calidad y el buen gusto de la obra o la idoneidad del modo en que se ha representado.Untitled 3
Una obra de gran calidad inspirada en el teatro clásico popular
En cuanto a su calidad, la obra pertenece al género de títeres de cachiporras, un género del teatro de marionetas popular, irreverente, violento y crítico que fue muy popular en toda Europa; Polichinela en Italia, Polochinelle en Francia, Kaspel en Italia, Dom Fernando en Portugal, Punch (and Judy) en Inglaterra,…. y don Cristóbal en España. El mismo Federico García Lorca tiene una obra de dicho género, el Retablillo de Don Cristóbal, que fue una de las inspiraciones para Títeres desde Abajo y que cuenta con un argumento ciertamente truculento:
Don Cristóbal es un adinerado bruto y malencarado, siempre con la cachiporra en mano, que busca una chica joven y guapa para desposarla (casarse con ella). Sus deseos coinciden con los de la madre de Doña Rosita, que aspira a encontrar un buen pretendiente para su hija. Llegados a ese punto, ambos acuerdan llevar a término sus fines, para desgracia del resto de personajes. Rosita, sin embargo, logra engañar a su ya marido y tiene encuentros con sus amantes, hasta dar a luz a cinco hijos, que reclama que son de Don Cristóbal. Éste, enfurecido, la emprende a golpe de porra con madre e hija. Pero ese será solo el principio de una larga trama de despropósitos, cachiporrazos y gritos.
Como explica Teatro Arbolé, compañía zaragozana que representa este tipo de teatro: Las marionetas cuestionan la realidad, se preguntan por el sentido de la vida y nos muestran sin tapujos la condición humana. Los títeres, con su carácter grotesco y bufonesco se podían tomar la vida a risa, criticar a la sociedad y comentar los acontecimientos. Una descripción que le viene como anillo al dedo al trabajo de la compañía Titiriteros desde Abajo.
Ciertamente sólo unas pocas personas han visto la obra pues sólo ha sido representada dos veces (una como sabemos, no en su totalidad), pero sí que hay en internet vídeos de obras o extractos de obras de la misma compañía. De Teatro Infantil, podemos ver parte del montaje de Lo que más duele en el mundo, una llamada a la amistad verdadera que combina la ternura con la invitación al público, infantil y adulto, a la reflexión.
De Teatro Popular, contamos con una representación callejera de En la Plaza de mi Pueblo, el montaje anterior a La Bruja y don Cristóbal, con el que han recorrido buena parte de la Península este pasado verano.
El contenido: Una crítica a los poderes que rigen la sociedad
Así que por su trayectoria, que no es corta, pues miembros de la compañía llevan décadas en el teatro de marionetas, nada parece indicar que la obra fuera de mala calidad, todo lo contrario. Pero además ellos mismos describieron en la bitácora de la obra su inspiración en el clásico género que hemos comentado:
Narigudo, avaricioso, misógino, megalómano, el viejo Don Cristóbal Polichinela frecuentaba los teatrillos populares de la Península Ibérica, pero desapareció de la escena tras victoria del Nacional Catolicismo. Cuentan que es primo hermano del Polichinela de la Comedia del Arte, pero en su versión íbera perdió su carácter más alegre para convertirse en un ser oscuro que antepone sus intereses a la vida y la libertad de los que le rodean. Como decimos, los titiriteros, hace unas décadas, dejaron de utilizar al personaje pero no hace falta mirar lejos, para encontrar el rastro de su ADN en el violento absurdo en el que nos obligan a vivir hoy día. Basta con encender un rato el televisor.
Nuestro Don Cristobal revive en nuestro espectáculo interpretando diferentes personajes. Diferentes caras de un mismo espíritu. Para simbolizar este hecho los policías, el juez, el abusador y la monja están siendo creados con el mismo molde. Ya utilizamos este recurso hace tiempo en “Salvemos el Brinco”, obra de títeres que montamos junto a Griot Teatro.
El empresario, el juez, la periodista, el alcalde, todos tenían el mismo rostro porque todos sirven a los mismos intereses en la sociedad. Esta obra se encuentra publicada en el libro “Grioteces.10 añosde teatro popular” y si te apetece puedes descargarla aquí. Queremos aclarar que con este recurso no pretendemos despersonificar a lxs opresores, sino señalarlos. Aunque la violencia que sufrimos es en parte estructural, ellxs han elegido alimentar el sistema y utilizar sus privilegios, mientras la Bruja elige saberse libre salirse y cuestionar sus pilares: la propiedad privada, el monopolio de la fuerza, la servidumbre del trabajo asalariado, los hábitos de consumo, la perdida de soberanía sobre el propio cuerpo, etc… En nuestra obra, la Bruja practica la autodefensa y liquida a sus opresores a golpe de cachiporra, pero una de las características de Don Cristobal es su inmortalidad, así que los puristas no tienen de que preocuparse, ya que su descendencia garantizará la perpetuidad de su envenenado ADN.
Como ya describe la propia compañía, la obra, lejos de hacer apología del terrorismo, cuestiona la violencia estructural de la sociedad en la que vivimos y presenta un personaje, la Bruja, que se rebela contra el poder en sus distintas facetas. Este, representado siempre bajo el personaje de Don Cristóbal, acaba cayendo en sus propias trampas. El sindicato CNT-AIT de Granada, al que pertenece uno de los detenidos y es de la ciudad donde anteriormente se había representado la obra, describe magníficamente su trama contextualizando la aparición del cartel que tanto ruido está generando:
En esencia, “La Bruja y don Cristóbal” procura representar, bajo las figuras recurrentes de cuentos y teatros, la “caza de brujas” al movimiento libertario que ha sufrido en los últimos años, con los montajes policiales estilo “Operación Pandora”. La obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rige la sociedad, esto es: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa, y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del “Propietario”, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive. No existen monjas violadas; bajo la forma de los muñecos, los adultos podemos comprobar que el propietario decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja; en el forjeceo, la bruja mata al propietario. Pero queda embarazada, y nace un niño. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño, pero encuentra resistencia en la bruja, y en el enfrentamiento, la monja muere. Es entonces cuando aparece el Policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente, y tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante la Ley, colocando una pancarta de “Gora Alka-ETA” sobre su cuerpo, que intenta mantener en pie para realizar la foto, como prueba. A partir de este montaje policial, surge la cuarta figura, que es la del Juez, que acusa, y condena a muerte, a la protagonista, sacando una horca. La bruja se las arregla para engañar al juez, que mete la cabeza en su propia soga, y la aprovecha para ahorcarle, para salvar su propia vida. El relato continúa algo más, pero esta es la esencia de lo que transcurre, y donde se encuentra toda la polémica.Untitled 2
La falsa polémica del público infantil
Ciertamente la compañía no catalogaba La bruja y don Cristóbal como un espectáculo infantil y es imposible que se lo manifestara de otra forma a los encargados del Ayuntamiento de Madrid, pues en toda su publicidad se aclara que es de la categoría que ellos denominan Teatro Popular, como se puede comprobar en su blog:Untitled 4
Ahora bien, los niños y niñas estaban bajo la custodia de sus familias cuando veían la obra. Quizá estos/as fueran de esas madres y padres que no les dejan ver los dibujos animados porque son violentos, en ese caso, lo que deberían haber hecho es símplemente irse de allí, en lugar de buscar delitos donde no los hay y quedarse despotricando mientras sus retoños seguían observando esa obra “tan orrenda”.
Sin duda la obra es para todos los públicos, una excelente oportunidad para conversar con los niños y niñas sobre la sociedad en el que vivimos: deshaucios, machismo, agresiones sexuales, violencia policial, robo de bebés, y represión a la violencia política. Ahí tenemos el vídeo de la representación en Madrid de En la plaza de mi Pueblo, donde adultas responsables e inteligentes se divierten con la brillante crítica a la sociedad junto a sus hijos/as. Una alternativa de ocio infinitamente mejor que acompañarles a algún templo del consumismo o abandonarles delante de la televisión o la tablet (seguramente expuestos a no menos violencia, pero esta vez sin el apoyo de la experiencia adulta para interpretarla).
Los enemigos de la verdad, el auto de prisión
Porque la presencia de público infantil, como si los niños no tuvieran supervisión de sus familias, es uno de los agravantes que esgrime el Ismael Moreno, magistrado del tribunal nº2 de ese tribunal político heredero del franquista “de Orden Público” que es la Audiencia Nacional. Juez a su vez con un oscuro pasado de policía franquista y un presente de juez servil con el poder, que no se queda ahí y parece querer convertirse en un personaje de sainete por lo absurdo de su auto:
– Al contarle los detenidos, con toda su buena voluntad, que ya habían representado la obra en Granada, con contenidos más violentos, el juez lejos de ver en ello una prueba de que la obra no tiene nada delictivo, lo considera un agravante.
– Cuando le explican el contexto de la pancarta, una sátira de la fabricación de pruebas falsas por parte de la policía y que el cartel era un juego de palabras de Al Quaeda y ETA, le da pie para escribir en el auto que el hecho supone enaltecer o justificar, públicamente los delitos terroristas cometidos no sólo por la Organización Terrorista ETA, sino también por AL-QAEDA.
Así que imputa a estos dos artistas dos delitos, uno de enaltecimiento del terrorismo, por el contenido de la pancarta que no sólo descontextualiza, sino que tergiversa torciteramente y otro delito cometido con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizadas por la constitución, este sin que se pueda encontrar otro fundamento que el contenido de la obra, crítico con el poder. Delitos que pueden sumar ocho años y medio de prisión y que serían cumplidos integramente al tratarse de terrorismo.Untitled 5

Los falsos amigos de la nueva política
Parece que la política del cambio no resiste la presión mediática de la derecha más rancia y no es capaz de defender su programa de fiestas, arrojando a los artistas a los pies de los caballos a la primera de cambio.
Como nos hicimos eco en nuestro primer artículo, escrito a las pocas horas de la detención, el Ayuntamiento de Madrid empezó sacando pecho atribuyéndose en un comunicado la brillante idea de haber parado la función y llamado a la policía municipal que entregó a los artistas a sus homólogos nacionales de la Brigada de Información y de allí a la Audiencia Nacional para ser acusados de terrorismo. En el mismo comunicado anuncian a bombo y platillo que van a denunciar a la compañía de títeres.
Siguiendo con su incapacidad de rebatir las mentiras difundidas por los medios de la ultraderecha española, el domingo 7 rompen la relación con Madrid Destino, empresa que se encargaba de la dirección artística del carnaval. Y en el comunicado, aprovechan de nuevo para cargar contra los artistas: en el curso de la actuación se han escenificado actos ofensivos y lesivos para la sensibilidad, especialmente atendiendo a la edad del público. Se considera, por tanto, que se incumplieron las condiciones por las que la compañía había sido encargada de la representación. No aparece por ninguna parte las condiciones del encargo, pero parece no comprender que las únicas personas que obligaban a los niños y niñas a presenciar la obra eran sus acompañantes adultos. Si no se las llevaron a otra parte sería porque les parecía adecuada o porque les importaba poco el supuesto daño que les pudiera hacer.


Porque las personas que están en lo del asalto a las instituciones bascula entre el aplauso a la represión y apuntarse a ella las primeras, a criticar un exceso de la justicia, pero denunciar la obra como inadecuada, vergonzosa o deleznable, como esta misma mañana, que ya ha pasado tiempo para poder informarse, ha hecho la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.
Por una defensa sincera sin ambages y con reparación del daño causado
No vale con pedir la libertad (con cargos) mientras se insulta la obra y a los artistas. Es necesaria una reparación, sobre todo moral, aunque no estaría de más costearles los abogados y demás gastos que van a tener por culpa de unos políticos que no saben sino unirse al linchamiento mediático. Hay que reconocer a la compañía Titiriteros desde Abajo y a la obra la Bruja y don Cristóbal como lo que son, una llama de verdad, alegría y cultura popular de las que escasean en estos oscuros tiempos de miedo y estulticia en los que vivimos.
Está muy bien que en la gala de los Goyas el actor Juan Diego Botto salude a sus compañeros de profesión con “hola titiriteros”, pero los aplausos de la profesión estaban reservados a las críticas contra la piratería y el IVA cultural. Está bien que Pablo Iglesias tuitee “grande Juan Diego Botto”, pero aquí los que importan ahora son los artistas que habéis desacretitado y mandado a prisión. Esperamos que proliferen las muestras de apoyo sin reservas, como las de la revista Mongolia y las confederaciones sindicales CNT y CGT. Artistas, dad la cara por vuestros compañeros y la libertad de expresión, o callad como cobardes para siempre.

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