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Margaret Thatcher, líder de los conservadores (o ‘Tory Party’) desde 1975 y Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en el periodo 1979-1990 ha muerto al fin. Mucha gente de clase trabajadora, incluidos los anarquistas, están muy, muy felices. Desde la fecha en la que se anunció, el 8 de abril, ha habido festejos en las calles de muchos pueblos y ciudades del llamado Reino Unido. En 2013, a causa de su legado, el mundo en el que ahora vivimos es más peligroso, opresivo, desigual, empobrecido y corrupto.
Desde el inicio de su tiempo en el poder, el gobierno de Thatcher construyó una Gran Bretaña militar con la que una generación de jóvenes creció con el temor de un conflicto nuclear con la URSS. En 1982, por “defender” las Malvinas, a 12.000 kilómetros del Reino Unido se embarcó en una nueva era donde Gran Bretaña podía rápidamente enviar soldados a la guerra en todo el globo, sola o como parte de la OTAN. Ella apoyó abiertamente al régimen de apartheid en Sudáfrica y fué la mejor amigo del dictador General Pinochet, que llevó políticas neo-liberales a Chile mediante la violencia y el asesinato. Era odiada sobre todo en el norte de Irlanda, donde la clase trabajadora fué maltratada bajo un enfoque de divide y vencerás a la disidencia interna.
El gobierno de Thatcher incrementó el uso del capitalismo financiero para obtener beneficios. Al mismo tiempo, trató de convencer a la clase obrera de que si compraban su propia casa, o adquirían en propiedad unas pocas acciones de las empresas privatizadas de teléfono, agua o electricidad, ellos también podrían ser ricos. Se nos dijo que el gobierno apoyaría la “oportunidad” de tener éxito, si se
estaba dispuesto a trabajar y a no causar problemas. Pero esta ideología individualista y competitiva ayudó a iniciar el ataque contra el “salario social” de las prestaciones sociales. Al mismo tiempo, muchos jóvenes “Maggie’s millions” se convirtieron en desempleados debido a la reducción en la industria manufacturera y la recesión económica.
La militancia obrera en el resto de las “industrias tradicionales” fue atacada en términos explícitos contra la clase trabajadora, para quebrar la confianza y la capacidad de lucha, usando leyes en contra de los sindicatos y mediante la creación de una policía militarizada.
Estos “antidisturbios” estaban completamente preparados, después de los levantamientos contra la pobreza y el racismo en los disturbios dentro de las zonas urbanas deprimidas que comenzaron en Bristol en 1980, y continuaron en 1981 en Birmingham, Leeds, Liverpool, Londres y Manchester, con más disturbios en los años posteriores. El retrato del gobierno y la prensa de estos levantamientos como
“disturbios raciales” ayudó a apoyar el ascenso de la extrema derecha. La policía antidisturbios se utilizó en contra de los mineros, que contraatacaron en 1984-5 pero fueron derrotados trágicamente, al igual que los trabajadores de imprenta de Wapping en 1986 (Rupert Murdoch, por favor muere pronto también). Estas derrotas no se sufrían sin una buena pelea, por supuesto, y fueron unos muy importantes actos de valentía y solidaridad inspiradora. Iniciativas de comunidad, como los grupos de apoyo de los mineros, que estaban a cargo principalmente de mujeres en las zonas mineras eran también muy influyentes. Estos grupos fueron apoyados por los anarquistas.
Durante el período Thatcher, a pesar de que se hizo legal ser homosexual en Escocia en 1981 e Irlanda del Norte en 1982, la primera ley anti-gay desde hacía 100 años fué aprobada en Gran Bretaña: La Sección 28 de la Ley de Gobierno Local de 1988. ‘Sección 28’ lo convirtió en ilegal para el sector público (autoridades locales o escuela) el “promover la homosexualidad”, incluyendo la publicación o la
enseñanza que sea aceptable.
La única gran victoria de la clase obrera en el período Thatcher fue la lucha contra el “Poll Tax”. Oficialmente llamado Cargo de la Comunidad, era un impuesto sobre la ocupación individual de una vivienda que pretendía sustituir las Tasas; que eran un impuesto sobre la casa en la que vivías. Esto golpeaba a las familias en edad de trabajar con hijos y otros gastos de hogar muy duramente. El ataque del “Poll Tax” se llevó a cabo en un contexto de desmantelamiento y destrucción de las cosas tradicionalmente entendidas como bienes sociales: las grandes industrias, los servicios públicos, el empleo y el bienestar. Los ayuntamientos se encargaron de aplicar el impuesto empezando por Escocia en el primer año. La oposición comenzó en Escocia en 1987 y se extendió rápidamente a Inglaterra y Gales mediante una hazaña increíble de trabajo en la solidaridad de clase, de organización y de voluntad de salir a las calles y luchar. Esto incluyó la “Poll Tax Riot” de 1990 en Londres y pequeños disturbios en otras ciudades, pero lo más importante es que introdujo una actividad política sostenida en comunidades de clase trabajadora. Aparte de muy pocos ejemplos de acción sindical, la oposición estaba formada en su mayoría por grupos que trabajan juntos en las comunidades, no en los lugares de trabajo. El “Poll Tax” fue abandonada después de que Thatcher perdiera el liderazgo del Partido Conservador, que tomó John Major en 1990.
Esto no es para sugerir que las cosas estaban mejor antes de Thatcher. Los “viejos” Laboristas fueron un fiasco y un ejemplo de cómo no se debe repartir los recursos comunes. Todos los políticos son el enemigo de la clase obrera, pero algunos hacen más daño que otros.
Los “nuevos” Laboristas que siguieron a Thatcher y Major, bajo el liderazgo de Tony Blair, nunca sería un caballero de brillante armadura para rescatarnos, y cuando los conservadores finalmente cayeron en 1997 ya no quedaba ninguna esperanza, salvo en una solución de clase de base revolucionaria. Los partidos socialistas de izquierda no pueden aceptar esto y seguir apoyando al Partido Laborista, incluso después de guerras a mayor escala dirigidas por la OTAN y aún peor crisis económica que hemos estado viviendo en desde 2008.
Margaret Thatcher, después de morir en el Hotel Ritz, un símbolo de la desigualdad si alguna vez hubo uno, tiene su funeral con “todos los honores militares” el 17 de abril. Si a algunas gentes les parece extraño que a otros nos alegraría bailar en la tumba de una anciana senil, es porque todavía estamos entre sus víctimas, después de todo este tiempo. ¿Significa su muerte que podemos reclamar cierto poder para hacer un cambio?. Un pequeño aumento en nuestra confianza en este momento en la lucha de clase puede ser vital. Incluso si hay algún tipo de ruptura sobre el pasado otorgándole un estridente e irrespetuoso “se acabó”, hay que sacudirse la resaca y usar estas dos o tres semanas como una oportunidad para hablar con nuestros compañeros de trabajo, amigos, familia, y todo el mundo sobre nuevos comienzos y nuevas posibilidades. Pero primero, vamos de fiesta!
Secretariado Internacional, Federación Anarquista, Gran Bretaña, 09 de abril 2013

thacher copiaMargaret Thatcher, leader of the Conservatives (or ‘Tory Party’) from 1975 and Prime Minister of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland from 1979-1990 is dead at last. Many working class people, including anarchists, are very, very happy. From the date it was announced on 8th april, there have been festivities on the streets in many towns and cities of the so-called United Kingdom. In 2013, because of her legacy, the World we now live in is more dangerous, oppressive, unequal, impoverished and corrupt.
From the start of her time in power, Thatcher’s government built up Britain’s military so that a generation of young people grew up in fear of nuclear conflict with the USSR. In 1982, by ‘defending’ the Falklands 12000 kilometres from the UK she heralded in a new era where Britain would quickly send soldiers to war around the globe, alone or as part of NATO. She openly supported the Apartheid regime in South Africa and was best friends with dictator General Pinochet who brought neo-liberal politics to Chile through violence and murder. She was hated most of all in Northern Ireland where
working class people were brutalised under a divide-and-conquer approach to domestic dissent.
Thatcher’s government increased the use of finance capitalism to make profit. At the same time she tried to convince working class people that if they bought their own house, or owned a few shares in the privatised telephone, water or electricity companies, they too could be rich. We were told that the government would support ‘opportunity’ to succeed, if you were prepared to work and not cause trouble. But this individualistic and competitive ideology helped to start the attack against the ‘social wage’ of welfare benefits. At the same time many young people ‘Maggie’s millions’ became unemployed because of the reduction in manufacturing industry and economic recession.
Working class militancy in the remaining ‘traditional industries’ was attacked in explicitly anti-working class terms, to smash confidence and ability to fight, using laws against trade unions and by creating a militarised police. These ‘riot police’ were fully in position after the uprisings against poverty and racism in the Inner-city Riots that started in Bristol in 1980, and continued in 1981 in Birmingham, Leeds, Liverpool, London and Manchester with more riots in the years after this. The government and press portrayal of these uprisings as ‘race riots’ helped support the rise of the far-right. The riot police were then used against the Miners, who struck in 1984-5 but were tragically defeated, as were the Wapping print-workers in 1986 (Rupert Murdoch, please die soon as well). These defeats were not without a good fight of course and there were hugely important acts of bravery and inspiring solidarity. Community initiatives like the miners’ support groups that were mainly run by women in mining areas were also very influential. These groups were supported by anarchists.
During the Thatcher period, although it was made legal to be homosexual in Scotland in 1981 and Northern Ireland in 1982, the first anti-gay law for 100 years in Britain was passed: Section 28 of the Local Government Act 1988. ‘Section 28’ made it illegal for the public sector (local authority or school) to ‘promote homosexuality’ including publication or teaching it to be acceptable.
The only major working class victory in the Thatcher period was the struggle against the Poll Tax. Officially called Community Charge, it was a tax on individual occupancy of housing which was intended to replace the Rates, which was a tax on the house you lived in. It hit families with working age children and other shared households very hard.
The attack of the Poll Tax took place in the context of dismantling and destroying things traditionally understood as social property: the major industries, public services, jobs and welfare. Local councils were tasked with implementing the tax starting with Scotland only in the first year.
Opposition began in Scotland in 1987 and was quickly spread to England and Wales by an amazing feat of working class solidarity, organisation and a willingness to take to the streets and fight. This included the Poll Tax Riot of 1990 in London and mini-riots in other towns, but more importantly it included a sustained political activity in working class communities. Apart from very few examples of trade union action, the opposition was mostly by groups working together in the community, not in the workplace. The Poll Tax was abandoned after Thatcher lost the Conservative Party leadership to John Major in 1990.
This is not to suggest that things were better before Thatcher. ‘Old’ Labour was a fiasco and an example of how not to share out common resources. All politicians are the enemy of the working class, but some do more damage than others. ‘New’ Labour that followed Thatcher and Major under the leadership of Tony Blair was never going to be a knight in shining armour to rescue us, and when the Tories finally fell in 1997, there was already no hope except in a class-based revolutionary solution. The left-wing socialist parties cannot accept this and continue to support the Labour Party, even after more major NATO-led wars and the even worse economic crisis we have been living in since 2008.
Margaret Thatcher, after dying at the Ritz Hotel, a symbol of inequality if there ever was one, has her funeral with ‘full military honours’ on 17th April.
If it seems strange to some people that others would happily dance on the grave of a long-senile old lady, it’s because we are still her victims, after all this time. Does her passing mean that we can reclaim some power to make a change? A small boost in our confidence at this point in the class struggle could be vital. Even if there is some sense of closure about the past by giving her a raucous and disrespectful send off, we have to shake off the hangover and use these two or three weeks as an opportunity to talk to our workmates, friends, family, everybody about new beginnings and new possibilities. But first, Let’s Party!
International Secretariat, The Anarchist Federation, Britain, 9th April 2013

federación británica 2http://afed.org.uk