Untitled 2Antiguamente la palabra ladrón o ladrona solía relacionarse con hombres y mujeres de clase baja que vivían en los suburbios o barrios bajos de las ciudades o pueblos. Estos personajes eran marginados, apartados de la sociedad, y malvivían de lo que hurtaban, estafaban y encontraban por ahí.

Pero hubo escritores como Charles Dikens o Jack London que rompieron un poco con ese estereotipo, presentando el lado humano de estos personajes marginados por todo el mundo, y lanzaron la idea de que estos personajes no eran más que víctimas del sistema a los que no se había dejado otra alterativa que la delincuencia para poder vivir (en el aire la idea de que la pobreza y la delincuencia marginal eran obra de la desigualdad  y la injusticia patrocinadas por el sistema y sus acólitos, las clases dominantes). Hoy en día las tornas están cambiando y los/as considerados/as por la mayoría de la sociedad, aunque no la dominante, como ladrones/as visten de Armani o de Prada, viven en barrios residenciales, chalets o palacios pagados con el erario público, son empresarios/as de éxito, banqueros/as, políticos/as, deportistas, miembros de la realeza, etc. … Pero a éstos/as la institución judicial no les persigue, ni les reprime, sino que les protege y les ayuda. Éstos/as no ocultan su cara al ser detenidos o al llegar o salir de los juzgados. Todos/as sabemos quiénes son y, mientras al salir del juzgado son insultados por la plebe, ellos/as lucen una sonrisa de oreja a oreja porque saben que no pisarán la cárcel o que su imputación ha sido retirada. ¿Qué puede importarles lo que el pueblo piense de ellos/as? El tiempo pasa y el pueblo no tiene memoria; algunos/as de ellos/as volverán a ocupar cargos de importancia en la Administración porque el pueblo, que olvida fácilmente, volverá a votarles.

Rompamos con esta situación. Exijamos que, aquello que dijo un tal Juan Carlos I no hace mucho de que la ley debía ser igual para todos, se cumpla o desaparezca, siendo sustituida por la verdadera justicia: la justicia de quienes verdaderamente sufrimos la injusticia, la justicia del pueblo, la cual sólo vendrá tras la asunción de responsabilidades por parte de las capas populares sobre todos los aspectos de la vida que nos afectan, la desaparición pacífica o violenta de las caducas instituciones creadas por el sistema y la instauración de una sociedad basada en la igualdad (la cual garantizará la desaparición de la injusticia y la delincuencia), la solidaridad y el apoyo mutuo (dos de los pilares del bienestar) a través de la revolución social.

El capitalismo es la desigualdad, la injusticia, la delincuencia, la guerra, el caos; rompamos con él.

Txentxo Jauregui